Gurdjieff Dominican Group
Santo Domingo / República Dominicana
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SEÑALAR CON EL DEDO
J. G. Bennett

Todo lenguaje debe llegar al equivalente de señalar con el dedo.  Cuando uso un símbolo o una señal para algo, estoy efectuando el equivalente de señalar algo con el dedo, pero cuando hablo de algo que concierne a mi mundo interior, el proceso de llegar al mismo significado es mucho más complejo.  Puedo empezar a hablar de algo que todos podemos reconocer.  La atención, por ejemplo, es algo que podemos reconocer.  Entiendo la diferencia, y ustedes también, entre la atención involuntaria, cuando algo me interesa, por ejemplo, cuando mis ojos son atrapados por algo, o un perfume me atrae, y la atención voluntaria, cuando tengo que luchar para mantener la atención en algún objeto.  Cuando hablamos de esto, estamos tratando de algo que ambos conocemos.  Si oigo hablar a alguien, escucho, mi atención es atraída hacia esto, pero en el otro estado no permito que mi atención sea dirigida desde afuera.  Mantengo mi atención en mí mismo, pero debo retenerla en algún sitio, puesto que no es algo que pueda no ocuparse en nada.  Puedo sentarme y permitir que mi atención esté ocupada con el flujo automático de mis asociaciones, y con nada más.  Puedo sentarme, por ejemplo, con el cuerpo quieto e inmóvil, en cierta postura, y fijar mi atención a la observación ininterrumpida del flujo de mis asociaciones internas.  Cuando les describo esto, pueden reconocer lo que hago y pueden sentarse y hacer lo mismo.  O por el contrario, puedo decir que me siento y miro algún objeto, manteniendo mis ojos fijos en él y haciendo el esfuerzo de verlo, esto es, darme cuenta de que está allí y de que lo estoy mirando.  Trato de no permitir que mi atención se ocupe de ninguna otra cosa que no sea mirar este objeto.  Trato, particularmente, de no permitir que mi atención sea atrapada por las asociaciones que surgen automáticamente en mi mente, o por ningún sonido o movimiento que pueda distraerla.

Cuando les describo estas dos situaciones, las pueden reconocer lo suficiente como para poder reproducirlas en ustedes mismos.  Si les diera nombres, después nos entenderíamos mutuamente de manera precisa cada vez que usáramos esos nombres.  Podría ir más lejos y proponerles un experimento más sutil que ustedes tendrían que repetir muchas veces antes de estar seguros de que lo han hecho exitosamente.  Este experimento podría, por ejemplo, estar designado para ayudarlos a distinguir entre la atención en su cerebro emocional y la atención en su cerebro motor.  Una vez que todos hayamos verificado a través de cuidadosas comparaciones y discusiones sobre lo que hemos descubierto, podríamos usar las palabras "sensación" y "sentimiento" en una forma tal que todos estaríamos seguros de que hablamos de la misma cosa.

Este es el tipo de trabajo que debe hacerse a fin de obtener, en nuestro mundo interior, un equivalente al lenguaje de indicar con el dedo una jarra de agua en el mundo exterior.  Poco a poco, podríamos ir construyendo un vocabulario, el cual podría contener  veinte o treinta palabras claves, y con ellas podríamos hablar con seguridad sobre cuestiones sutiles y difíciles que afectan al mundo interno del hombre.

Por supuesto, no siempre ocurre que si dos personas realizan lo que ellos consideran que es el mismo esfuerzo llegarán al mismo resultado.  Puede haber diferencias de tipo, grados de desarollo, sexo, edad, salud corporal y equilibrio entre las funciones psíquicas, todo lo cual podría afectar el resultado de nuestro esfuerzo.  Considerando todo esto, al menos una de las dos personas involucradas debe tener un amplio conocimiento sobre todos los factores que operan en la vida interna del hombre, y ser capaz de tenerlos en cuenta en las descripciones que se hagan.

Les digo todo esto a fin de demostrarles claramente que las conversaciones sobre los procesos psíquicos son incomparablemente más difíciles y que los malos entendidos son mucho más frecuentes que en las conversaciones sobre objetos materiales de nuestra vida exterior.  Puede ser necesario haber experimentado algo no una vez, sino diez, cien, mil veces, antes de estar verdaderamente seguros de que la calidad exacta del estado interior ha sido establecida sin ninguna duda.

P.:       A este respecto, me parece entender que dos personas nunca podrán alcanzar resultados exactamente iguales -excepto en lo referente a la técnica- hasta que hayan logrado un estado mucho más profundo.

Sr. B.:    Depende de a qué nos estamos refiriendo.  Cuando uno habla de la atención no es muy difícil para la gente llegar a entenderse mutuamente cuando se refiere a lo que hacen con su atención.  Me referí a la división que hacía Gurdjieff de las tres funciones psíquicas esenciales del hombre, es decir, el pensamiento o función intelectual, el sentimiento o función emocional y la sensación o función instintiva motora.  Es posible clasificar casi todas nuestras experiencias en términos de estas funciones y, también, subdividirlas, alcanzando así una buena clasificación operacional, al tiempo que un lenguaje que podemos compartir y en el que podemos confiar cuando hablamos de estas cosas.  Entonces, surgen aspectos más difíciles relacionados con los diferentes estados de conciencia.
       Es verdad que, en general, sólo es posible establecer un lenguaje común para discutir asuntos  relacionados con los estados de conciencia si las personas poseen ya ciertos conocimientos técnicos sobre cómo se obtienen.  Pero debe entenderse que esto no es tan extraordinario ni es "oculto" (cualquiera que sea el significado de la palabra oculto), puesto que no es realmente muy diferente de lo que se debe estudiar de química antes de ser un químico o de cirugía antes de convertirse en cirujano.  Sólo que esto es un poco más complicado, porque es posible abrir un cuerpo para verlo por dentro y reconocer los órganos, pero no es posible seccionar el estado de conciencia de otra persona.  Es extraño que la gente pueda entender el hecho de que no pueden estudiar, por ejemplo, Anatomía, sin un trabajo duro, y que no tenga sentido hablar de cuestiones anatómicas sin haber  estudiado Anatomía y sin haber visto con sus  propios ojos los diversos órganos -el estómago, el hígado, los nervios, etc.-.  Pero, sin embargo, piensan que pueden hablar de cosas tan difíciles, como meditación, contemplación, etc., sin el duro entrenamiento que corresponde al estudio de la Anatomía.

Derechos Reservados propiedad de los herederos de J. G. y Elizabeth Bennett. 
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